
Este, realmente, siempre ha sido un libro diferente para mí. No se cómo explicarlo pero La hija de un soldado nunca llora siempre ha sido un libro especial para mí, un libro que me apetecía leer siempre. Tal vez, todo eso es porque lo leí por primera vez siendo cerca de los quince años y, hace poco de unos meses, sentí la necesidad de volver a leerlo y ver porqué ese libro había significado tanto en esa época para mí. No se si me sorprendió tanto que quería volver a él, a la profundidad de sus páginas y a su historia pero…después de haberlo leído diez años después ha vuelto a significar lo mismo. Es un libro que recomendaba y que, seguro, seguiré recomendando. Ese, que veo en la estantería de mi habitación y sonrío con ternura recordando partes del libro, de lo que demuestran sus páginas.
Una historia real en la que la autora, Kaylie Jones, recuerda su infancia como la hija del escritor James Jones. Jones, autor de libros tan conocidos como “La delgada línea roja”, instaló su hogar en París hasta que enfermó gravemente y todos volvieron a su tierra; una parte que su hija también cuenta en su libro. Tal vez es eso, la sensación de proximidad, de realidad lo que sorprende tanto de este libro.
Una familia adinerada, feliz que ve como aumenta la familia adoptando un niño y como la niña de la casa siente que le quitan su terreno, su espacio y, por supuesto a su querido padre. Así es como Channe lo ve, la hija de un famosísimo escritor norteamericano afincado en Francia, que piensa que esta nueva incorporación de la familia no va a ser un compañero de juegos; sino que le va a quitar el poco tiempo que ella pasa con su padre.
Cuando al padre le diagnostican que su enfermedad cardíaca va a peor, ponen rumbo a Norteamérica. Tal vez es un hombre de costumbres o es, simple manía pero quiere acabar su obra en su país y morir en el lugar que le vio nacer. Es ahí donde los niños son adoslescentes, donde viven el primer amor; las dificultades de ir a un colegio en el que todos se conocen y ellos son “ los extraños del pueblo”. Poco a poco aprenden a convivir juntos, pasan la adolescencia como unos hermanos más: con momentos de amistad y momentos de odio. Es ahí, donde se refleja la ausencia de la figura paternal en algunos momentos importantes de la vida de los jóvenes y, sobre todo, en aquellos momentos en los que deben tomar una dura y fuerte decisión. Es donde los hermanos más se apoyan, ante la ausencia de esa figura paternal y donde, tal vez Kaylie Jones, intenta enseñar cómo ella necesitaba más a su padre de lo que realmente estaba presente en su vida. Y es ahí donde mediante la figura de Billy (el pequeño niño parisino adoptado que ha crecido) todo el día sentado frente al televisor en el mismo sillón, sin amigos ni nada qué hacer; y, Channe, más preocupada en mantener relaciones con todos sus compañeros de clase que en tener amigas con las que salir.

Ya cuando son mayores, el mismo día en que Billy puede ir a recoger la nacionalidad y llama a su hermana para que le acompañe…se dan cuenta y analizan esos grandes momentos de su infancia que han pasado juntos. Pero no es solo eso, sino que es la propia autora quien comarte con el lector esos momentos de su vida dulces, duros, alegres que le han hecho convertirse en la escritora que es hoy en día.
Es un libro que, como he dicho al comienzo, sigo recomendando. No se porqué, tiene esa chispa que crea complicidad con el lector o que, por lo menos, conmigo la creo. Es una obra que no deja indiferente a nadie.
Una historia real en la que la autora, Kaylie Jones, recuerda su infancia como la hija del escritor James Jones. Jones, autor de libros tan conocidos como “La delgada línea roja”, instaló su hogar en París hasta que enfermó gravemente y todos volvieron a su tierra; una parte que su hija también cuenta en su libro. Tal vez es eso, la sensación de proximidad, de realidad lo que sorprende tanto de este libro.
Una familia adinerada, feliz que ve como aumenta la familia adoptando un niño y como la niña de la casa siente que le quitan su terreno, su espacio y, por supuesto a su querido padre. Así es como Channe lo ve, la hija de un famosísimo escritor norteamericano afincado en Francia, que piensa que esta nueva incorporación de la familia no va a ser un compañero de juegos; sino que le va a quitar el poco tiempo que ella pasa con su padre.
Cuando al padre le diagnostican que su enfermedad cardíaca va a peor, ponen rumbo a Norteamérica. Tal vez es un hombre de costumbres o es, simple manía pero quiere acabar su obra en su país y morir en el lugar que le vio nacer. Es ahí donde los niños son adoslescentes, donde viven el primer amor; las dificultades de ir a un colegio en el que todos se conocen y ellos son “ los extraños del pueblo”. Poco a poco aprenden a convivir juntos, pasan la adolescencia como unos hermanos más: con momentos de amistad y momentos de odio. Es ahí, donde se refleja la ausencia de la figura paternal en algunos momentos importantes de la vida de los jóvenes y, sobre todo, en aquellos momentos en los que deben tomar una dura y fuerte decisión. Es donde los hermanos más se apoyan, ante la ausencia de esa figura paternal y donde, tal vez Kaylie Jones, intenta enseñar cómo ella necesitaba más a su padre de lo que realmente estaba presente en su vida. Y es ahí donde mediante la figura de Billy (el pequeño niño parisino adoptado que ha crecido) todo el día sentado frente al televisor en el mismo sillón, sin amigos ni nada qué hacer; y, Channe, más preocupada en mantener relaciones con todos sus compañeros de clase que en tener amigas con las que salir.

Ya cuando son mayores, el mismo día en que Billy puede ir a recoger la nacionalidad y llama a su hermana para que le acompañe…se dan cuenta y analizan esos grandes momentos de su infancia que han pasado juntos. Pero no es solo eso, sino que es la propia autora quien comarte con el lector esos momentos de su vida dulces, duros, alegres que le han hecho convertirse en la escritora que es hoy en día.
Es un libro que, como he dicho al comienzo, sigo recomendando. No se porqué, tiene esa chispa que crea complicidad con el lector o que, por lo menos, conmigo la creo. Es una obra que no deja indiferente a nadie.
CREO Q ES UNO DE LOS MEJORES LIBROS QUE HE LEÍDO Y HAS PLASMADO TODA LA ENSENCIA DEL MISMO
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