
Cuando hace ya más de dos años me mandaron en la carrera leer en la carrera este libro, con muy buenas recomendaciones por parte de un profesor experto en literatura y en las letras esperaba, realmente, algo genial y grande. El Premio Pulitzer de 2007, con su novena edición en el mercado (o, por lo menos la mía lo era), me transmitió una sensación rara. Hubo gente encantada con el libro y yo, por el contra, estaba como “aturdida”.
La Carretera, de Cormac McCarthy, es un libro diferente al resto. Se tienen que dejar pasar unos días para poder comenzar a asimilar su contenido. Mientras leía sus páginas había momentos en los que me quedaba sin palabras otros en los que, la agonía reinaba en mí y, por el contrario, otros en los que me quedaba fascinada por su narrativa y la forma de transmitir sensaciones.
El argumento del libro es el de un padre que intenta salvar a su hijo de su mundo y, recorren un largo y desolado terreno a través de las carreteras para poder llegar a la tierra donde estarán “los buenos” y les ayudarán a salvarse; padre e hijo huyen hacia el sur atravesando paisajes calcinados y lugares en los que no queda nada de vida. Así es cómo transcurre toda la obra que, con una excelente narrativa, te hace desplazarte al lugar de los hechos y poder vivir lo mismo que sus protagonistas viven. Hay una gran peculiaridad en estos protagonistas, padre e hijo, a los que McCarthy jamás llama por su nombre. No se sabe nunca qué es lo que ha sucedido para que ese paisaje exista, para que huyan de “los malos” como el niño les llama, ni para saber porque huyen con tanta desesperación. Hay, algunas pistas a lo largo del libro que te dejan entrever diversas ideas de qué es lo que ha pasado como una posible catástrofe nuclear que ha dejado devastada una parte de la Tierra.
Así, en este libro se marca una historia devastada por el frío, el hambre, la desesperación por huir de aquellas personas que los persiguen, y de poder buscar un camino para estar a salvo. Al padre le siguen rondando por la cabeza recuerdos del mundo colorido que conoció cuando tenía la edad de su hijo y, mucho antes, de que el mundo fuese desolado por una masa de ceniza tóxica. El autor también deja una parte de optimismo y esperanza encarnado en la figura del niño que, pese a haber nacido en un mundo hostil, sigue teniendo la esperanza de que todo se solucionara y conserva el milagro de poder vivir feliz. Y esta mezcla de sensaciones y deseos lo que hace que, al terminar el libro, uno se quede con una sensación rara y un mal sabor de boca del libro que, con el paso de los días, se va asimilando y cambiando la sensación dejada por esta obra.
Es esa la gran clave de este libro y puede, que es éxito es lo que ha hecho que se haya querido llevar hace tan sólo unos meses esta obra a la gran pantalla.
La Carretera, de Cormac McCarthy, es un libro diferente al resto. Se tienen que dejar pasar unos días para poder comenzar a asimilar su contenido. Mientras leía sus páginas había momentos en los que me quedaba sin palabras otros en los que, la agonía reinaba en mí y, por el contrario, otros en los que me quedaba fascinada por su narrativa y la forma de transmitir sensaciones.
El argumento del libro es el de un padre que intenta salvar a su hijo de su mundo y, recorren un largo y desolado terreno a través de las carreteras para poder llegar a la tierra donde estarán “los buenos” y les ayudarán a salvarse; padre e hijo huyen hacia el sur atravesando paisajes calcinados y lugares en los que no queda nada de vida. Así es cómo transcurre toda la obra que, con una excelente narrativa, te hace desplazarte al lugar de los hechos y poder vivir lo mismo que sus protagonistas viven. Hay una gran peculiaridad en estos protagonistas, padre e hijo, a los que McCarthy jamás llama por su nombre. No se sabe nunca qué es lo que ha sucedido para que ese paisaje exista, para que huyan de “los malos” como el niño les llama, ni para saber porque huyen con tanta desesperación. Hay, algunas pistas a lo largo del libro que te dejan entrever diversas ideas de qué es lo que ha pasado como una posible catástrofe nuclear que ha dejado devastada una parte de la Tierra.
Así, en este libro se marca una historia devastada por el frío, el hambre, la desesperación por huir de aquellas personas que los persiguen, y de poder buscar un camino para estar a salvo. Al padre le siguen rondando por la cabeza recuerdos del mundo colorido que conoció cuando tenía la edad de su hijo y, mucho antes, de que el mundo fuese desolado por una masa de ceniza tóxica. El autor también deja una parte de optimismo y esperanza encarnado en la figura del niño que, pese a haber nacido en un mundo hostil, sigue teniendo la esperanza de que todo se solucionara y conserva el milagro de poder vivir feliz. Y esta mezcla de sensaciones y deseos lo que hace que, al terminar el libro, uno se quede con una sensación rara y un mal sabor de boca del libro que, con el paso de los días, se va asimilando y cambiando la sensación dejada por esta obra.
Es esa la gran clave de este libro y puede, que es éxito es lo que ha hecho que se haya querido llevar hace tan sólo unos meses esta obra a la gran pantalla.
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