Oír el nombre de Roma, hace que uno se imagine en la época de César y
Trajano, de las luchas de fieras en el Coliseo, y de las múltiples
batallas libradas por los romanos a lo largo de su historia. Hace que
vuelva a la majestuosidad que esta ciudad tuvo en la Antigüedad y que,
hoy en día, sigue manteniendo.
Capital del antiguo Imperio Romano
y actual capital de Italia, situada en el centro del país; sigue
manteniendo en sus calles, en sus plazas y en todos los monumentos que
conservan ese espíritu de gran ciudad, de una cultura que todavía hoy en
día permanece. Situada en el centro de la península, en la región del
Lacio, a ambas orillas del río Tíber, a unos 20 km de su desembocadura
en el mar Tirreno.
Aquel que pisa la ciudad por primera vez, vuelve a ella. Encandila a
todos aquellos que pasean por sus calles, que entran en sus museos y
que, simplemente, divisan a lo lejos el Coliseo. La Fontana de Trevi es
la encargada de cumplir el deseo de sus visitantes de volver a recorrer
esas calles; ya que tal y como cuenta la leyenda, aquel que lanza una
moneda a sus aguas vuelve a visitarla en un futuro. Y esto suele
cumplirse, bien por el “poder” que pueda esta tener, bien porque uno se
enamora de ella.
Callejear Roma es algo imprescindible. Visitar el Coliseo, insignia de
la ciudad; la plaza de España; o, el Panteón. Simplemente con colocarse
delante del Anfiteatro de Flavio, observar su majestuosidad y su
perfección hace que uno se traslade a aquella época en la que ahí mismo
se disputaban peleas con fieras; donde los gladiadores eran la animación
de una Roma de césares, de una ciudad temida por todas las zonas
colindante; de un Imperio. Y cuando uno se introduce dentro de este, aun
en ruinas, perdura el poder de sus rocas, la solemnidad de lo que un
día fue y, que aún hoy en día, continúa siendo: monumento de la
humanidad, patrimonio de esta y una de las obras más espléndidas jamás
construidas.
El Panteón romano sigue dotando a la ciudad de ese espíritu de gran
capital que lo fue gracias al blanco mármol que se utilizó en su
construcción, aunque ya no impoluto. Se trata de una obra arquitectónica
preciosa e imponente que aparece en la ciudad. Otros de los sellos de
la ciudad y que el visitante no debe perderse son as catacumbas, que
recorren toda la capital. Las más famosas, las Catacumbas de Calixto,
deben ser visitadas por todo turista interesado en conocer esta cultura,
y poder imaginar como fue en su día Roma, sus tradiciones y su cultura.
La columna de Trajano o el monumento a Víctor Manuel, la plaza desde la
que Mussolinni, en otra época mucho más alejada de los Césares, lanzaba
sus discursos al pueblo italiano, rodeado todo ello de terracitas donde
se pueden degustar los famosos helados italianos o simplemente un café.
Sus famosas calles, repletas de tiendas de las mejores marcas del mundo,
de hoteles de lujo y restaurantes cuya pasta puede que sea la mejor que
nadie ha probado. Pues, cabe recordar, que se trata de la capital de
Italia. En las tiendas más recónditas de la capital, ondea la bandera
del equipo característico de esta, “La Roma” con la camiseta del gran
héroe de este equipo, Francesco Totti.
Roma, capital de sueños. Sede de historias tanto ficticias como reales.
Ciudad de monumentos, majestuosidades e historias que contar en cada una
de sus esquinas.
Aquel que pisa por primera vez suelo romano, vuelve: se enamora de la
ciudad, de sus calles, de su gente y del ambiente que se respira en una
ciudad solemne que hace que sus visitantes vuelvan a la época en la que
Julio César era el símbolo de esta ciudad.
Se convierte en un viaje a la Imperial Roma.




espectacular toda ella
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