Sevilla, ciudad de toreo, las sevillanas, el rebujito y capital por
excelencia del flamenco. Referencia mundial, ya no sólo por ello, sino
por el ambiente que se respira a cada paso.
La ciudad bañada por
el río Guadalquivir es diferente al resto de ciudades españolas, la
gracia de sus gentes se vive por todos los rincones.
La Giralda se alza vigilante, como si cuidara a su gente. Rodeada del
aroma de un río con historia la torre vigía sigue majestuosa en el mismo
lugar y siendo punto de referencia de todo aquel que, aunque sea por un
día, visita esta gran ciudad. La Real Maestranza de Sevilla se sitúa
frente a esta. Plaza donde puede que hayan salido por la puerta grande
los mejores toreros españoles y que ha visto forjarse a otros muchos al
igual que arriesgar allí sus vidas. La entrada a esta es inolvidable,
Curro Romero de bronce a la entrada ya hace que uno, quiera o no, se
imagine una de las tardes de gloria con capote en mano que un torero
puede vivir ahí dentro y hasta llegue, tal vez, a escuchar uno de esos
famosos “ole” característicos de este arte. El recorrido por la
Maestranza es inigualable, se rodea toda la plaza desde el exterior,
viendo los ya típicos carteles de “sol” y “sombra”, para dar paso al
museo de la plaza, que guarda miles de recuerdos de las grandes figuras
toreras que España ha tenido y sigue teniendo.
Perdiéndose uno por sus calles puede encontrar las mejores tiendas de
trajes de flamenco que los exhiben como el mejor de los trofeos. Y allí
mismo, los mejores restaurantes de la ciudad, donde ya no sólo se puede
degustar la mejor de las comidas, sino de los mejores rebujitos (bebida
típica de Sevilla a base de manzanilla y sprite). El “Sol y Sombra”, es
uno de los restaurantes con más nombre de la ciudad, donde los carteles
de la Maestranza cuelgan de las paredes. Tras esto, uno puede elegir,
caminar por las calles comerciales de la ciudad que, aún siendo
comerciales hacen que sean diferentes a las del resto de ciudades
españolas, ya que en cada esquina se pueden encontrar grupos de flamenco
tocando en la calle para recibir una simple limosna o donativo. Calles
peatonales, en las que uno respira flamenco; o, por el contrario coger
uno de los característicos carros de caballos de la ciudad andaluza y
hacer un recorrido por toda la ciudad. La giralda, los antiguos
pabellones de la Expo del 92, el parque de María Luisa, las
universidades… se trata, pues, de un gran recorrido que es algo más que
recomendable realizar por la ciudad.
Al ponerse el sol en la ciudad, se puede observar cómo decenas de
enamoradas pasean por el interior del Parque de María Luisa, por sus
caminos y se sientan tranquilos frente a las espléndidas esculturas que
este alberga; o, por el contrario, pasean por el puente del río
Guadalquivir. Sevilla es así, es diferente. Al llegar la noche hay
paradas ya más que obligatorias. La famosa calle Betis es una de ellas.
Nombre de uno de los equipos de fútbol de la ciudad, alberga entre sus
baldosas los mejores pubs y discotecas de la ciudad y es donde uno,
puede llegar a tomarse una copa con aquellos famosos sevillanos que
salen por la televisión. A parte, la mayoría de estos locales pertenecen
o bien a toreros y futbolistas, cantautores o, más sencillamente, a la
gente de la prensa rosa sevillana y andaluza. Tras el cierre de estos la
muchedumbre se dirige a dos discotecas, o bien Boss o bien Antique, ahí
es donde cada uno debe elegir.

Al llegar el cierre de la noche la luna se alza sobre Sevilla. Su
resplandor baña a una Giralda que sigue vigilante de sus gentes, del
aroma que se respira, de su ambiente y su flamenco.
Sevilla es así, diferente a las demás.
Todo aquel que va a Sevilla
vuelve enamorado; ya no sólo de la ciudad, de sus gentes o su desengaño
sin igual.
La gente viene enamorada de la luna de Sevilla.
La gente se enamora con tan solo pensar en Sevilla. Cuantos enamorados y amantes piensan en esa ciudad como la perfecta para consagrar su amor.

me parece genial la descripción que has hecho sobre la ciudad, su arte, su gente.... ESPECTACULAR!
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