domingo, 2 de mayo de 2010

Una tragedia griega

Fue un elegido de los dioses que le llevaron al poder y a la gloria en plenitud de gracia y juventud, y desde allí le protegieron como a uno de los suyos, como a Aquiles, Paris o Ulises, de las turbulencias de un viaje por los procelosos mares de la Transición. Zeus y Atenea se ocuparon del cebrereño durante casi cinco años en los que Adolfo Suárez González se debatía en singular combate contra enanos, monstruos marinos y piratas, se abría paso en las tempestades y se defendía heroicamente contra los cantos de sirena hasta que sus dises protectores tiraron la toalla ante la conjunción de elementos en su contra, hábilmente utilizada por otras divinidades que habían puesto sus ojos en un rival pleno de gracia y juventud.
Expulsado del paraiso, vagó cmo alma en pena buscando nuevas derrotas, pero ya no era lo mismo. Perdida la gracia tuvo que sacar fuerzas de flanqueza y embarcarse en buques mal armados y peor tripulados. Inventó un partido perfecto, sin intrigantes barones ni adherencias ideológicas indeseables,; una formación de izquierdas con vocación de bisagra.
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El destino le había vuelto definitivamente la espalda presto para cebarse en el elegido de antaño. Y en efecto, a partir de entonces se conjuraron contra él las desgracias en donde más daño le podían causar: su familia. Finalmente, los dioses le sumieron en una profunda oscuridad, una terrible enfermedad que le condenó al olvido de las campñas emprendidas y de los laureles cobrados. Al menos ha podido disfrutar, aunque tardíamente y durante unos pocos años, del reconocimiento que tan sañudamente le negaron en su vida activa. Ahora, fallecidas su esposa Amparo y su hija Mariam, con su hija Sonsoles afectada también por el cáncer, vive recluido en su casa d ela urbanización La Florida, próxima a Madrid. Los dioses se apiadradon de él finalmente paliándole sus heridas abiertas en carne viva: no le permitieron recordar sus hazañas ni el poder que disfrutó, pero le ocultaron la desaparición de sus seres queridos.
Texto de José García Abad, de su libro " Adolfo Suárez. Una tragedia griega".

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